¡Buenas tardes (vale, prácticamente noches ;)!
Ayer fue un día... digamos que interesante. Si tenéis tiempo quedaros (que hoy esto va para largo; quizás hasta daría para 2 o 3 posts... pero una vez empezado, dudo que sepa/pueda parar...) y os cuento por qué ;)
Me despiertan las campanas (vivimos al lado de una iglesia que pone especial esmero en que todos los vecinos sepamos exactamente qué hora es, de 08:00 a 00:00... y tocando todos los cuartos. Sí, una bendición de lo más bucólica...).
En la cama y con los ojos cerrados cuento campanadas 'una, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve...'
¡¡¿NUEVE?!!
'¡Oh no!. ¡No, no, no y no! No puede ser que me haya dormido... Pero, ¿y el despertador? Juraría que no ha sonado... ¿Habré vuelto a recaer a la maldición de parar el despertador dormida y sin enterarme?'
A ver, creo que esto merece una explicación: durante muchas épocas estresantes de mi vida -exámenes en la universidad, los primeros días de un trabajo...- he tenido que ponerme 4 despertadores ubicados estratégicamente en lugares de difícil acceso, con la finalidad de que la acción de 'parado' incluyera una actividad corporal importante que asimismo implicara un necesario y consciente despertar si no quería resultar herida de gravedad en el proceso...
Por ejemplo, si tenía que levantarme a las 7'30 de la mañana: un despertador en la mesilla de noche a las 7'10. Otro en el escritorio a las 7'15. Uno más dentro del armario a las 7'20.
Y el más difícil todavía... otro a las 7'25 dentro del armario; pero éste en el armario de arriba, de tal forma que sin subirse a una silla y apartar varias toneladas de ropa y mantas no había manera de hacer que se callara.
Sí, lo sé... pero con los años conseguí superarlo.
Aunque esto no tiene cura y sé que en el momento más inesperado puedo volver a parar el despertador completamente dormida y seguir en los brazos de Morfeo un número de horas muy insolente =)
En fin, a lo que iba... cojo el teléfono (ya os hablaba de él y de nuestra relación aquí, clic) y me doy cuenta de que está totalmente descargado porque...
¡olvidé ponerlo a cargar antes de acostarme =(!
Doy un salto, cojo el cargador, enchufo (no sin soltar antes un par de tacos y alguna que otra maldición) espero impaciente que se decida a arrancar... ('casi me daría tiempo de tender la colada... nunca tiene prisa éste', bla bla bla, ironías varias y ataques directos en una conversación privada entre el iphone y yo...)
Me pide el pin y se lo digo. Me dice que es incorrecto y que me quedan 2 intentos. 'Hummmmmm me habré equivocado, esto de las pantallas táctiles...'
Se lo vuelvo a teclear, poniendo especial cuidado en el marcado y... pin incorrecto de nuevo.
Casi como una premonición de lo que iba a ocurrir y con una sensación de pánico creciente, tecleo de nuevo las cuatro cifras como si fuera lo último que fuera a hacer en esta vida y, efectivamente...
'SIM bloqueada, introduzca el PUK'
Siento un ligero mareo, sensación de vértigo y algo de terror y me digo que no puedo ser tan cafre como para equivocarme tres veces poniendo el numerito... mientras mi mente, de lo más cínica, empieza a vaticinar toda una serie de desgracias relacionadas con la salud de mi aparatito querido del alma.
Llamo a M------r; esto siempre suele ser 'divertido', empieza a caerme bien la maquinita con voz de mujer de máquina de tabaco...
'Por favor, indíquenos de forma concreta el motivo de su llamada para poder ser atendido por el agente adecuado'
(dice adecuado con acento americano... 'adecuadou' =)
'De forma concreta', 'de forma concreta'... ¿cómo resumir todo mi pesar 'de forma concreta'? ¿Es que no entiende la mujer con voz de máquina de tabaco que estoy al borde del abismo? ¿Que la oscuridad se cierne sobre mí?
Como para ponerme a resumir...
Como para ponerme a resumir...
Incapaz de articular palabra y con un nudo de tres vueltas en el estómago acierto a decir:
'Iphone'
'Disculpe, pero no le he oído. Por favor indíquenos nuevamente en pocas palabras el motivo de su llamada'
Busco fortaleza y seguridad dentro de mí y repito:
'IPHONE'
'Indíquenos si el motivo de su consulta está relacionado con su Blackberry, su Iphone o con otro terminal'
Definitivamente me está vacilando... 'IPHONE'
'Diga con nueve cifras el número para el que desea hacer la comprobación'.
Se lo digo.
'Perdone, no le he entendido. Repita o teclee de nuevo el número para el que desea hacer la consulta'.
Inspiro, retengo aire contando hasta cinco, expiro y lo tecleo.
'Si su consulta es para el número 6-- -- -- -- diga 'sí' o 'continuar'
Digo 'sí' y empieza a sonar una canción de alguien que parece estar muy contento...
'andwe'llbeeehapyyyyyy'
Sigue sonando un buen rato hasta que una voz femenina (esta no se parece a la de la máquina de tabaco... es más bien como de peli de Disney...) me dice:
'Buenos días, mi nombre es XXXXXXXXXX, extensión XXXXXXXXX y me comprometo a encontrar la mejor solución. Dígame, ¿en qué le puedo ayudar?'
Reprimo las lágrimas y se lo cuento. Le confío todos mis pesares y creo ver en su voz todo un rayo de esperanza.
Me pide '...un nombre para poder dirigirme a usted. Ingrid, muy bien Doña Ingrid'.
¿Doooooñaaaaaaaaaaa? Estoy tan abatida que ni tan siquiera se me escapa la risa...
Me pide que le facilite los datos del titular de la línea. Se los doy.
'Perfecto Doña Ingrid; déjeme hacer una comprobación'
'andwe'llbeeehapyyyyyy'
'andwe'llbeeehapyyyyyy'
'Doña Ingrid, veo que tiene usted dos tarjetas SIM vinculadas a un mísmo número'
Sip.
Lo dice con un tono que suena especialmente amenazador, como si me hubiera pillado una mentira... ¡pues claro que tengo dos sim...! ¿¿O es que no tenemos todos un pasado antes de nuestra vida 'smartphonil' en el que los móviles eran Nokia y las tarjetas sim eran normales??
'Necesitaria saber cuál es la principal y cuál la secundaria, Doña Ingrid...'
Le digo que no lo sé seguro al 100%, pero que parece que la secundaria tendría que ser la última, la 'microsim', ¿no?
'Ok, un segundo que voy a realizar una comprobación'
'andwe'llbeeehapyyyyyy'
'¿Doña Ingrid? Sí, mire... tendría que extraer usted la tarjeta de su iphone y decirme la numeración que tiene escrita...'
Grrrrrrrrrrr. '¿Dónde diablos puse el cacharrillo que sirve para sacar la tarjetita la última vez? Igual me sirve un clip, a ver... menos mal que estoy en el despacho... espero que a J no le diera por llevarse todos los clips de casa el otro día cuando le dije que el despacho parecía una pocilga y que hiciera el favor de poner un poco de orden y... Sí, aquí hay uno. Uffffffff'.
Saco la tarjetita y le digo la numeración. Ahora que lo pienso, me hubiera gustado cantarle el 'andwe'llbeeeehapyyyy' a la dobladora de pelis de Disney mientras me las veía para sacar la tarjetita en cuestión...
'Ok, Doña Ingrid... mire, el PUK de esta tarjeta es el XX XX XX XX, tecléelo, por favor'
Lo tecleo. Se desbloquea y me vuelve a pedir el PIN.
'Ok, Doña Ingrid, introduzca el PIN de nuevo...'
Lo introduzco... y me vuelve a dar error.
'Haremos una cosa, Doña Ingrid, le paso directamente con el servicio técnico de iphone... no se retire, por favor'
'andwe'llbeeehapyyyyyy'
¿Cóooooooomo? ¿¿'El servicio técnico de iphone'?? Pero con quién demonios había estado hablando hasta ese momento? ¿A quién le había confiado yo la intimidad de los datos de mi línea y la salud de mi teléfono?
'Hola, buenos días; mi nombre es XXXXXXX; me dice mi compañera que tiene usted problemas con su iphone 4...'
Sip. (Lo dice como si la culpa fuera mía... me siento pequeeeeña.)
'Bien, ¿me dice su nombre para poder dirigirme a usted? Ingrid, bien Doña Ingrid... dígame la numeración de su tarjeta SIM porque veo que tiene usted dos tarjetas vinculadas a un mismo número...'
Vuelvo a sacar la tarjeta, me vuelve a pedir los detalles de la línea telefónica, probamos con otro PUK...
Y nos vuelve a dar error.
'No se retire, Doña Ingrid, que voy a hacer una comprobación'
'andwe'llbeeehapyyyyyy'
'¿Doña Ingrid? ¿Está usted ahí? Sí, mire... me dicen mis compañeros que en este caso parece que el problema viene de la tarjeta SIM; debería usted acudir a su distribuidor más cercano y pedirle una prueba cruzada para saber si el problema es del terminal o de la tarjeta; en cuyo caso deberá usted pedir un duplicado...'
Vale. Llevo casi una hora en el teléfono y no hemos arreglado nada... 'Respira hondo y fluye...' Me ducho y me visto corriendo. Me tomo un café con leche y salgo pitando (portátil, chaqueta para luego, las llaves, ¿lo tengo todo?) para el centro comercial más cercano...
Llego; no hay mucha cola pero hay que coger número (sí, como en la carnicería...). En el marcador sale el 36; yo tengo el 44. Pienso que tengo para rato y me voy a dar una vuelta...
Me importan un pepino todos los escaparates del grupo Inditex, las ofertas de gafas y la nueva colección de zapatos... todos mis pensamientos giran alrededor de la vida de mi teléfono...
¿se curará?
Así que al cabo de nada vuelvo hacia el distribuidor. Van por el 38 y parece que la señora, que tiene tropecientos mil puntos, no se decide exactamente por el terminal que mejor le puede ir...
Van pasando los minutos. Los cuartos y las medias horas. Tic tac, tic tac... menos mal que llevo un libro en el bolso...
Ha pasado una hora y vamos por el 43... 'venga, venga...'
Finalmente. El 44. Me levanto y me dirijo al mostrador.
'Hola, buenos días'
Miro el nombre de la señorita que me atiende (Cristina... ¿la llamarán Cris?) y no puedo evitar fijarme en que lleva la manicura francesa perfecta.
Le cuento lo ocurrido, creyendo estar ante quien definitivamente me va a solucionar todos los males 'iphonísticos', que me va a hacer la 'prueba cruzada' de la que me había hablado la señora del servicio técnico de iphone y...
Nada más lejos de la realidad.
Como tirándome un jarro de agua fría y en lenguaje totalmente 'rottenmeyerístico' me dice que ella no puede hacerme ninguna prueba cruzada, y que si me hace un duplicado de la tarjeta me lo tiene que cobrar (como si 7€ fueran en realidad 70.000.000€...), aunque si ese luego no es el problema pues allá yo y que todo esto me lo tenían que haber dicho en el servicio técnico o en M------r...
Me quedo en silencio. La miro fijamente a los ojos y dejo que me invada una ira profunda, creciente y silenciosa.
Nos medimos como rivales; se da cuenta de que no me voy a ir de allí sin más y sonríe...
Muestra una perfecta hilera de dientes blancos y mucha candidez en el rostro, pero sus ojos destellan inconfundibles brillos de maldad.
La ira me invade y, como suele ocurrirme en estos casos, se desdoblan mis pensamientos... y mientras una parte de mí se recreaba imaginándome a mí misma soltándole toda una serie de calificativos (no relacionados precisamente con la belleza, la bondad y todas esas cosas) y consumando toda una serie de acciones próximas a ser consideradas delito en nuestro Código Penal, la otra adopta una actitud fría y sospechosamente hostil.
No tengo mucho tiempo (lo he perdido hablando por teléfono y haciendo cola...) pero decido que me haga un duplicado de la tarjeta y luego ya veré qué hago si resulta que el problema es del terminal (como todavía está en garantía...)
'Muy bien. Necesito el DNI del titular'
Le digo que el titular de la línea vive a 60 kilómetros de allí, que yo soy la persona autorizada para realizar gestiones sobre ese número en concreto y que puede comprobarlo fácilmente con mi DNI.
Con la mirada triunfante y la candidez todavía por máscara, me dice sentirlo mucho pero que entonces igual debería desplazarme hasta esa otra población o bien ir a buscar la documentación solicitada...
En mi cabeza retruena el 'O Fortuna' de Carmina Burana (clic aquí) mientras me la imagino en el Coliseo romano, acechada por los leones y yo -casualmente- vestida de emperador en las gradas...
Pienso rápido... y le digo si no podríamos hacer ese proceso vía mail. Pierde la candidez por unos instantes y demuestra su verdadera naturaleza.
Pienso rápido... y le digo si no podríamos hacer ese proceso vía mail. Pierde la candidez por unos instantes y demuestra su verdadera naturaleza.
'Touché'
Le digo que va a tener que dejarme hacer una llamada... ya que mi iphone está bloqueado... La oigo gruñir. Pienso: 'Touché otra vez'.
Hago la llamada y pido que manden el DNI del titular autorizándome a pedir una copia de la sim al mail que me indica la señorita Cristina, (sí, la de la manicura francesa impecable)...
Me pide que me aparte del mostrador 'para seguir atendiendo'. Estoy tentada de decirle que no, que de allí no me sacan ni con una grúa hasta que tenga la nueva microsim en mi poder y podamos comprobar si el problema es ese o, por el contrario, tenemos que hacer un ingreso de urgencia a mi iphone querido... pero, en cambio, sonrío serena, y le digo que faltaba más, que siguiera con su trabajo...
'¡O, Fortuuuuuuunaaaaaaaaaaaaaa!'
Mientras, empiezo a pensar que todo aquello es de lo más absurdo y que con la cantidad de dinero que les damos a ganar a las grandes compañías telefónicas, es imperdonable que haya perdido TODA la mañana (en aquél momento eran aproximadamente las 12'45...) para resolver una cuestión aparentemente tan sencilla.
Al cabo de un rato (consciente de que la señorita Cristina, sabiéndome con prisa, y como participante de una batalla sin sentido iniciada entre ella y yo, iba a alargar el momento de atenderme tanto como pudiera) me acerco de nuevo al mostrador y le pregunto si todavía no le ha llegado el correo electrónico...
'No. No ha llegado' Responde seca, áspera y aparentemente tranquila (aunque yo adivinaba y sentía todos los rayos y truenos de los que me imaginaba rodeada...).
'¿Me dejarías volver a llamar para comprobar que está todo bien y puedas así seguir con tu trabajo?' Noto su ira mientras me pasa el teléfono.
Llamo y me confirman que el correo ya se ha enviado; estoy dando las gracias a quien me ha hecho el favor de mandármelo y antes de que pudiera despedirme me corta con un tenebroso 'ya puedes colgar'.
Me pide mi DNI, hace una copia, grapa mil papeles y después de varios cientos de tecleos en el ordenador...
¡finalmente... me da la nueva tarjeta SIM!
No me lo podía creer, después de toda una mañana de esfuerzo... ¡estaba a un paso de saber si lo de mi iphone era terminal o no!
Con un brillo indisimulado de venganza, me dice que debo esperar media hora para poder poner la nueva tarjeta y que ésta se active correctamente... Yo, sabiendo que aquello no era del todo cierto, acaricio mentalmente ideas relacionadas con reclamaciones, hojas y cuestiones varias; pero en el último momento decido no perder más el tiempo y, con una sonrisa de oreja a oreja (y mostrando toda una hilera de dientes blancos, que yo también he llevado ortodoncia) le digo:
'No sé cómo hubiera hecho si no hubiera encontrado a alguien taaaaaaaan amable como tú. Muchas graaaaaacias'
Me voy con el reloj tirándome de la oreja y haciendo gala de una conducción relativamente deportiva mientras reflexiono sobre lo fácil que es complicarse la vida, lo sencillo que es provocar una guerra... y deseando no tener que vérmelas con ninguna compañía telefónica por lo menos en lo que queda de año.
Pero quiso el destino jugarme una broma macabra porque por la noche (cuando ya volvía a tener -¡por fin!- el iphone funcionando a todo trapo otra vez ;), en otras circunstancias, por otro motivo, con otros operadores y con una compañía distinta...
¡tuve que volver a pasarme casi dos horas discutiendo al teléfono otra vez =S!
Como podéis ver... ¡el día fue de lo más completito!
Y vosotr@s,
¿Tenéis una relación de amor/odio con vuestro proveedor telefónico?
¿Lográis controlar la ira en situaciones que no por ser absurdas dejan de ser menos irritantes ;)?
¡¡Pasad un estupendo fin de semana =)!!
Besos,
Ingrid
PD: Gracias por 'escucharme'; esto ha sido de lo más terapéutico y liberador... ;)
*Imágenes We heart it

















































